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06/01/2005

El "homo sapiens"

Seguro que piensas que el mundo hoy en día es un desastre. Pues no te puedes ni imaginar cómo era hace cuatro cientos años.

Fue en aquella época cuando el hombre recibió el castigo del cielo, un castigo tan atroz que cambiaría el curso de la historia. Por aquel entonces, parecía que las cosas en la tierra no tenían solución. Guerras, violencia, bombas, asesinatos,... los hombres seguían solucionando sus diferencias a garrotazos. Sí, a palos, exactamente igual que lo habían hecho desde el inicio de los tiempos. Eso si, se habían sofisticado mucho y los métodos que se utilizaban cada vez eran más complicados y más caros, pero en esencia era lo mismo: millones de personas morían cada año como consecuencia de la violencia. Se había creado un gran negocio alrededor de la barbarie. Las industrias de la guerra eran las más prósperas, e incluso existían países de los que llamaban "del primer mundo" donde los habitantes podían pasearse por las calles portando sus armas. Si, exactamente igual que en las películas aquellas de vaqueros y de indios que hoy sólo se pueden ver en las filmotecas más selectas.

Por aquel entonces el hombre no era humilde, era soberbio, vanidoso, se creía el centro del universo. Habían fracasado todos sus intentos para conquistar el universo, aunque cerquita se habían quedado de descubrir que había vida en otras galaxias mucho superior a la suya, y seguían creyéndose el ombligo de la creación. Era tan obstinado que había dado medida al tiempo, algo que todo el mundo sabe que no se puede medir, pero ellos necesitaban tener una vara para evaluar su estupidez y de esta forma determinar cuando alguien debía dejar de trabajar, cual era la "esperanza de vida" de un país o, algo tan sinsentido como determinar cuando había que dormir, cuando había que comer o cuando había que irse de vacaciones. Pues bien, habían determinado que aquel era el año 2005. Pero su estupidez no tenía límites, había llegado incluso a organizar el mundo en varios "submundos". Los países más adelantados, los del "primer mundo", formaban clubs selectos donde no se permitía la entrada a aquellos países menos adinerados. Porque sí, en aquella era, el dinero era el que mandaba. Desde los inicios de la historia, el hombre había luchado por el poder y durante muchos, muchos años, el poder lo daban las armas. Se desarrollaron armas tan poderosas que eran capaces de destruir a toda la humanidad, y por si esto no fuese suficientemente estúpido, incluso se habían probado algunas de ellas llevándose por delante a millones de personas. Pero por aquellos años el poder venía más acompañado del dinero que de las armas, aunque a decir verdad, ambos venían de la mano. La economía campaba a sus anchas por todo el planeta, había países ricos y países pobres, había gente que no tenía qué comer y había barrios de ricos donde sobraba de todo. Quizá esta fue la forma en que se crearon los submundos, a base de arrinconar a los que menos tenían para que no incordiasen con sus miserias a los ricos. Pues bien, la economía se había descontrolado y había creado grandísimas diferencias entre la gente. El hombre, obsesionado por medirlo todo, publicaba estadísticas que decían que, mientras en los países más ricos, cada persona disponía de $50.000 para un año, en los más pobres apenas llegaba a los $500. Y las diferencias dentro de cada país también se habían disparado, pero éstas no se querían medir porque resultaban mucho más sangrantes y no estaba bien hacer agravios comparativos entre conciudadanos del mismo país.

Los economistas más osados de la época, que eran marginados por la sociedad y tratados como locos por los medios de comunicación, decían que sobraba riqueza en el mundo para alimentar a toda la población, pero los países ricos se conformaban con acallar sus conciencias enviando a los del "tercer mundo" unas cuantas migajas cada vez que las ONG daban la voz de alarma. Las ONG fueron también inventos de aquella época. Se trataba de empresas que se dedicaban a captar fondos de las "personas de buena voluntad" para realizar acciones en los países del "tercer mundo" y de esta forma paliar las enormes diferencias existente. Alrededor de la miseria, de las desgracias de los otros y, sobretodo, de las desigualdades, surgió la creciente economía de la solidaridad que gestionaba cada vez más y más fondos. Fondos que procedían tanto de las "personas de buen corazón", como de los estados. Fue todo un invento, sí, un buen invento. La desgracia ajena siempre ha vendido mucho. Muchas personas tranquilizaban sus conciencias de esta forma, y a los estados les servía de excusa para no afrontar el problema, para no solucionarlo. Los gobernantes estaban tan ocupados en aprovechar el viento a favor de la economía, que no les quedaba tiempo para solucionar los problemas sociales, ni los internos, como la inmigración, ni los externos, como las desigualdades entre continentes y países. Porque los países del "primer mundo" realmente no querían solucionar aquellas desigualdades.

Pues sí, como te decía, en aquella época había mucha violencia, muchas guerras. Aunque al hombre no le gustaba llamarlas así y prefería utilizar términos más modernos como "terrorismo". Los políticos se llenaban la boca con aquel término, "terrorismo", "terrorista", "acciones terroristas",… y con otros como "atentado", "fundamentalismo", "asesinos", etc. Cualquier acción represiva de un estado estaba justificada si se vendía correctamente y se amparaba bajo el derecho a "defenderse del terrorismo", o de "realizar acciones preventivas". Pero claro, esto sólo servía para los países ricos, porque desafortunadamente, los países pobres nunca han sabido de marketing. Por aquel entonces no había un gobierno mundial, esto es, un orden que sobrepasase las fronteras de cada país. Varias décadas antes se había hecho algún intento creando organizaciones mundiales que velasen porque no se produjesen violaciones del "derecho internacional", pero los países poderosos se habían reservado derechos de veto que las habían totalmente inoperativas. Eran organizaciones marioneta en cuyas agendas no había cabida para los términos "justicia" o "legitimidad" porque los países ricos movían los hilos a su antojo.

El fanatismo llevaba a cometer cruentos asesinatos en los países ricos, y el mismo fanatismo llevaba a intervenir militarmente en países pobres llevando más pobreza y muerte a la población que nada sabía de esos terrorismos. Porque como dijo un sabio, "En la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos". Y no estaba claro qué era el bien y qué era el mal por mucho que se empeñasen algunos en explicarlo. Ambos eran el mismo fanatismo, igual de cruel, igual de despreciable, aunque uno se disfrazase con el marketing y el otro con la religión.

Aquello sí que era un autentico desastre.

Fue entonces cuando llegó el gran castigo. Nunca antes el cielo ni la tierra se habían enfadado tanto y nunca antes se había producido un cambio tan drástico en la vida humana. Antes de finalizar el año 2004, según la cuenta de los humanos, la tierra se cansó de tanta tontería. Estaba harta de tanta estupidez y esta vez no se limitó a observar paciente, o a darse una pequeña sacudida en los volcanes de alguna recóndita cordillera. Esta vez, el hombre merecía un buen escarmiento, un castigo que nunca olvidase y que cambiase el curso de la humanidad. Llevaba demasiado tiempo observando cómo la estupidez humana crecía, cómo las guerras nunca acababan y cómo los fanatismos se alimentaban de más estupidez. Apenas faltaban unos días para comenzar un nuevo año y la tierra le dijo a uno de sus océanos que había sido él el elegido para dar semejante castigo a los hombres. Aquel océano, al que los hombres llamaban Índico fue el que lo hizo. Tan sólo un pequeño estornudo bastó para provocar una ola tan inmensa que se llevaría por delante todo lo que encontrase a su camino. Tan pronto la ola llegó a la costa, provocó muerte y desolación en tan sólo unos minutos. Se llevó por delante a bañistas, a niños, a familias completas, a pescadores, hoteles, casas, barcos y a cualquiera que hubiese tenido el infortunio de cruzarse en aquellas que tan sólo minutos antes eran costas paradisíacas rebosantes de paz y sosiego. Aquella ola gigante no preguntó a nadie sobre su condición social destruyó de la misma forma las frágiles construcciones de los pescadores de aquellos pueblos como los lujosos hoteles de los turistas. Se perdieron incontables vidas humanas tanto de la gente humilde que allí habitaba, como de turistas de los países del club del "primer mundo". Curiosamente, no se encontró el cadáver de ningún animal. Mientras que los humanos siempre han conseguido cabrear a la tierra, el resto de los animales sí han sabido mantenerse en sintonía completa con ella.

Desde aquel momento nada fue igual. El hombre recapacitó y dejo a un lado su soberbia para siempre. Como por arte de magia, como si de un cambio drástico en la evolución de la raza humana se tratase, el nuevo hombre abandonó para siempre la estupidez del estúpidamente llamado "homo sapiens".
06/01/2005 11:38 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

10/01/2005

mirando al cielo se me ha pasado la vida

si no pudiese volver
a sentirlo
no merecería la pena
seguir adelante
porque sentirlo
fue mi aliento
fueron mis ilusiones
fue el no pensar nada
el no planear nada
el pensar que todo
alguien lo había colocado
en aquel preciso lugar
y en aquel preciso
instante
para tí y para mí
cogidos de la mano
como se cogen los
enamorados
que desean que nada
les pueda separar
o que temen
que pueda existir
en algún lugar del universo
una fuerza superior
a su amor
abrazados
como dos almas fundidas
tras el eterno beso
10/01/2005 03:16 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

11/01/2005

"El buscador"

Hacía tiempo que Toni había dejado aquella ciudad tan ruidosa donde aprendió lo perverso que puede ser el tiempo, y no me refiero a la meteorología, hablo del reloj, de los minutos, de la obsesión por ganarle tiempo al tiempo, por vivir desbocados sin saber hacia donde. En su aventura había aprendido como, a pesar de las urgencias y de aquellas infernales máquinas que lo controlaban todo y no dejaban pensar a la gente, siempre había una esperanza. Os recuerdo que allí la esperanza era los subterráneos que se escapaban del control de la mente y, por tanto eran el único sitio donde se podía pensar tranquilo en aquella terrible ciudad.

Toni había abandonado la ruidosa ciudad y después de un largo viaje llegó a un extenso valle en las montañas. Había altas montañas alrededor de aquel valle como si hubiesen decidido cortar el paso para que no entrase allí ninguna maldición. Varios ríos bajaban desde las montañas, como si estas no se cansasen de llorar. Aún nadie ha descubierto porqué las montañas lloran, pero los más ancianos de las aldeas que se encuentran perdidas en lo alto de las cordilleras aseguran que las montañas siempre lloran de emoción, que ellas están tan alejadas de lo malo que no conocen la pena, aunque sí que es cierto que las montañas más jóvenes sólo lloran en invierno porque es un tiempo más propicio para la melancolía principalmente porque el sol no les hace tanta compañía y por eso se sienten solas.

Toni observó aquel precioso valle y vio como aquellos ríos se iban juntando, unos eran más caudalosos y otros menos, unos llevaban un agua más cristalina y otros parecían que estaban cabreados por algún motivo y por ello no dejaban de agitar su agua y mezclarla con el barro y el lodo.

Aquel era el sitio ideal para respirar hondo, para coger aire puro y para sentarse a descansar. Era tan impresionante que cualquiera diría que allí aún había dragones y castillos, hadas y brujas malvadas, princesas durmientes bajo el eterno hechizo y príncipes azules, pero qué tontería, todo el mundo sabe que esas cosas sólo existen en la imaginación de los que no están demasiado cuerdos.

Pues bien, no es ninguna tontería que todos esos seres fantásticos existen, y es más, están por todos los lados y uno se los puede encontrar en el lugar más inesperado. Pero no todo el mundo se los encuentra porque hay que ser un niño para poder verlos. Aunque lo cierto es que muchos adultos deciden seguir siendo niños toda la vida y no paran de buscar hadas que les traigan la dicha, porque como la alegría que te puede traer un hada no existe nada en este mundo.

Estaba tan absorto Toni en estos pensamientos intentando divisar a algún dragón volando entre los picos de las montañas y lanzando bocanadas de fuego, o a alguna bruja volando sobre su escoba en busca de hierbas para preparar alguno sus mágicos elixires, que no se percató de que un anciano se dirigía hacia él por el camino que subía del valle.

- ¡Hola niño! - le dijo en tono jovial el anciano

De un sobresalto Toni volvió a este mundo porque cuando uno está pensando e imaginándose cosas maravillosas, aunque físicamente esté en este mundo, realmente no lo está, porque la imaginación nos puede llevar a vivir otros mundos, a vivir otras vidas o a vivir otras historias.

- Estaba pensando en tonterías, hadas y esas cosas - Toni realmente no quería decir eso, pero se le escapó como traicionado por su subconsciente, como si aquel mundo que acababa de visitar le estuviese gastando una mala jugada.

- ¿Por qué piensas que son tonterías?

- Pues no se, todo el mundo sabe que las hadas no existen y la verdad es que yo nunca he visto ninguna. Mi mamá me contaba cuentos de hadas cuando era más pequeño pero nunca ví ninguna.

- No pienses que son tonterías y mucho menos que esos seres tan maravillosos no existen. Si no fuese por ellos, que de vez en cuando ponen unos granos de fantasía en el mundo, esto sería un verdadero desastre, y posiblemente ni siquiera existiría el mundo. El hombre ya se habría encargado de destruirlo. Sabes, muchos gobernantes tienen hadas que se ocupan de ellos, pero desafortunadamente no existen tantas hadas como para que a cada gobernante le toque una. Y claro, las pobres se afanan en hacer su trabajo pero no dan abasto, incluso para ellas que viajan velozmente a través de los mundos de la fantasía es difícil ir de país en país y adaptarse a las diferentes lenguas, a los diferentes culturas y a las diferentes religiones.

Te contaré una historia que me sucedió hace muchos muchos años, continuó el anciano. Yo nací en aquel pueblo que ves allí, el de la derecha. Todo el mundo piensa que el puñado de casas que ves es el mismo pueblo, pero no es así, son tres pueblos que están prácticamente unidos. A los pocos años, no creo que tuviese aún los siete, mi madre desapareció y fui criado por mis abuelos, porque mi padre ni siquiera había aparecido nunca. Jamás conocí a mi padre, siempre me dijeron que fue uno de esos hombres que llevan las guerras de un sitio para otro, uno de esos que no sabe qué hacer cuando no hay guerra y entonces necesitan inventarse una. Porque la mayor parte de las guerras que hay son inventadas, pero eso es otra historia. Pues resulta que me criaron mis abuelos como pudieron, me dieron todo lo poco que tenían pero no eran años de mucha abundancia y eran gente muy humilde. Hasta que aquello pasó, cuando ya había cumplido los 18, me pase la vida buscando. Buscaba por todos los lados a mi madre porque no entendía porqué me había dejado. Cuando me hice mayor buscaba sin cesar la felicidad que no había tenido. Buscaba en las chicas con las que salía, pero ninguna parecía esconder aquella felicidad que tanto ansiaba y que no sabía que forma tenía porque hacía tanto tiempo que no me visitaba que me había olvidado de cómo era. Y seguí buscando, buscando sin parar. Durante muchos muchos años viajé a otros mundos en busca de aquello, busqué en los excesos, busqué en el alcohol, busqué lejos, siempre lejos, muy lejos, siempre lejos, lo más alejado a lo que era capaz de llegar. Un día me miré al espejo y vi a un tipo mucho más infeliz que yo. Aquel tipo al que ya ni siquiera conocía era yo mismo. Entonces decidí dejarlo, pensé que aquello no merecía la pena, quise pensar que la felicidad existía en el mundo y me convencí de que mi madre no había existido nunca. Volví al pueblo donde me esperaban mis abuelos. Me recibieron como si nada hubiese pasado, como si yo nunca les hubiese abandonado y como si no hubiesen pasado varios años sin saber nada de mi. Aprendí entonces que aquellos que te quieren de verdad siempre te acogen con los brazos abiertos. En todo ese tiempo no habían dejado de echarme de menos y de rezar por mi. Porque mis abuelos eran de esas personas que dicen que hablan al más allá. Yo qué se.

Empecé a trabajar en la carpintería del pueblo con Pepe, el ebanista del valle y, modestia a parte, se me daba bastante bien. Disfrutaba de cada mueble que hacía, cuando hacía una cuna me sentía feliz cada vez que veía a aquel niño paseando a su madre, porque sí, aunque pienses que son las madres las que pasean a los niños, normalmente es al revés y son éstos los que sacan a sus mamás para que se aireen y aprendan cosas del mundo. Porque una de las cosas más importantes de la vida es aprender; y un niño, por muy pequeño que sea siempre tiene infinidad de cosas que enseñar.

Pasó el tiempo y me olvidé de aquellos años en que buscaba sin parar. Fue entonces cuando una mañana de primavera sucedió algo que nunca jamás olvidaré. Era muy temprano pero yo me acaba de levantar porque tenía que ir a trabajar. Mis abuelos aún dormían. Me vestí, me eché un poco de agua en la cara y bajé las escaleras corriendo para, como todos los días, prepararme a toda prisa mi desayuno y salir pitando a la carpintería. Cuando llegué a la cocina vi que en la mesa había un par de tostadas calientes, que mi taza de desayuno tenía café recién hecho y que hasta mi servilleta estaba colocada para mi. Alcé la vista y mi alma se encogió, mi corazón se desbocó y mis ojos lloraron de emoción como no lo habían hecho nunca. Mi madre estaba allí, preparándome el desayuno exactamente como había hecho cuando yo era un niño. Mi madre también lloraba y no dejaba de mirarme como si quisiese recuperar en aquel instante todas las miradas perdidas. Corrí hacia ella y la abracé como cuando era un chiquillo, de rodillas y abrazado a su cintura. Pasaron un par de minutos que me parecieron un suspiro y nosotros no nos dijimos nada, sólo nos mirábamos. Nos mirábamos a los ojos como aquel que quiere encontrar el alma a través de la mirada. Fue entonces cuando la vi. Un impresionante resplandor llamó nuestra atención hacia la puerta de la casa y allí estaba ella. Era un hada muy bonita, como son todas las hadas. Muy delgada, con la melena rubia que casi le llegaba por la cintura y con una carita de esas que no están hechas más que para sonreír, de esas que no deben llorar nunca sino es de emoción. Era el rostro más angelical que jamás he visto, una sonrisa sólo comparable a aquella que suelen tener las personas que de verdad te quieren. A los pocos instantes, sin decir nada y sonriendo con la sonrisa de la satisfacción que da la felicidad de los demás, empezó a desaparecer. Mi madre y yo habíamos dejado de llorar y asistíamos boquiabiertos y perplejos al espectáculo más maravilloso del mundo. Alrededor de sus pies se creó una nube y poco a poco se fue hundiendo en el suelo, como si un agujero se hubiese abierto allí en la puerta de nuestra casa. Pasados unos minutos sólo quedaba un charquito de agua, que son los agujeros que abren las hadas para pasar de este mundo al suyo, porque el agua, con el aire son los elementos más puros de este mundo, igual que las hadas son los seres más puros de cualquier mundo que te puedas imaginar.

Jamás le pregunté a mi madre dónde había estado todos esos años porque sabía que ella también había estado buscando, buscando algo demasiado lejos para darse cuenta de que lo que buscaba lo llevaba dentro de ella desde el primer momento, y porque también sabía que hay preguntas que se responden con una sonrisa, con una mirada, con una caricia o con un abrazo.

Desde aquel día nunca más dudo Toni sobre la existencia de las hadas y años más tarde él mismo vería alguna.

Santi 11/1/2005
11/01/2005 20:20 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

13/01/2005

su latir

creo que siempre
le necesité
aunque entonces
más que nunca
porque entonces
buscaba sin hallar
porque entonces
todo era confusión
porque entonces
todo era un mar de dudas
porque ahora
aunque no esté conmigo
sigue dándome fuerzas
cada noche
cuando pienso en él
y porque él
me convirtió
en una autentica princesa

cada noche
yo dejaba mi ventana
abierta
y cuando el sueño
podía conmigo
él se colaba
por la ventana
volaba rápido
para esta conmigo
y se acurrucaba
junto a mi hombro
podía sentir
su corazón latir
como una tormenta
de primavera
y el mío también
se desbocaba
al sentir
que sus latidos
eran míos
entonces él se acercaba
a mi cuello
y me susurraba
las cosas
más bonitas
de su mundo
porque él
no era de este mundo
13/01/2005 09:13 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

tu sonrisa de princesa será mi sonrisa

Velar tus sueños
compartir tu día
pasear tu mundo
escuchar tu vida
siempre escuchar
siempre escuchar
también tu silencio
oir tu aliento
percibir tu risa
cogerte de la mano
llevarte lejos
abrazarte fuerte
cerca muy cerca
dejarme llevar
a tus nubes más altas
volar a tu lado
emocionarme contigo
corazón
mi vida es emoción contigo
llorar
pero de emoción
mucho mucho
todos los días
tan sólo con meterme
unos segundos en tu mundo
tan sólo con que tú
quieras compartirlo conmigo
dejarte surcar el infinito
y observarte sin parar
pero dejarte volar
sin miedo
sin celos
sin recelos
sin peros
sin pena
porque tu libertad
será mi fuerza
porque tu libertad
será mi guía
porque tu libertad
me enseñará otros mundos
porque tus mundos
serán los míos
porque compartiremos
tanto tanto
que cada uno
sentirá el doble
vivirá el doble
porque mi vida
será tu vida
porque tu risa
será mi risa.
13/01/2005 23:37 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

14/01/2005

adios ternura

anoche estuve contigo
jugamos juntos sin parar
sin pensar
dejándonos llevar
sin dejarte de mirar
eras cariño
llegabas con el primer abrazo
no te ibas con el primer beso
te quedabas con la primera
palabra bonita que te susurraba
te cogía de la mano
y tú seguías allí

pero hoy ternura
conmigo nada cuentas
no te puedo encontrar
anoche tan cerca
y hoy conmigo
no quieres estar

necesito sentirte
porque sin ti
no hay emoción verdadera
sin ti
no hay amor que dure
sin ti
no hay paseo
que merezca la pena pasear

(contestación del CRONOGRAMA de Lunaaaaa mi amiga gracias por inspirarme como siempre eres un cielo http://blogia.com/lunaaaaa/index.php?idarticulo=200501081)
14/01/2005 00:08 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

15/01/2005

añorada tormenta

llegaste de repente princesa
casi ni siquiera llegaste
pero te metiste en mi cabeza
y no he conseguido sacarte
te busco en cada sitio
te busco por todas partes
en la sonrisa de un niño
en cualquier restaurante
en lo cotidiano
por la calle
tomando copas
en una canción
en una poesía
en las historias más bonitas
jamás contadas
en las fotografías más increíbles
jamás tomadas
en las pinturas
que nunca han sido pintadas
en las vidas más bonitas
que hasta ahora
jamás fueron vividas

no puedo hacer
otra cosa que pensar en ti
te imagino
te sueño
busco sin cesar
un agujerito
para poder ver tu mundo
para saber qué piensas
qué haces
qué quieres
qué anhelas

pero no lo encuentro
aun no lo hallo
y mi cerebro
no descansa
se obsesiona
no se conforma
con este ritmo
con esta quietud
con esta calma
busca más deprisa
se acelera
no me deja pensar en nada
que no sea en buscar
ese agujerito
para ver si tu mundo
es cómo él espera

añorada tormenta
tan pocas veces te tuve cerca
tantas veces te ansié
que ahora que te llevo dentro
no se si me ahogaré

floto en la superficie de tu mundo
que ahora sólo deseo
sumergirme en él
u olvidarte para siempre
para que mi cerebro descanse
15/01/2005 13:16 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

18/01/2005

el precipicio

sin entender aun muy bien porqué
me asomé a aquel precipicio
y vi la inmensidad
de lo que no se alcanza a ver
la lejanía de las ideas
la utopía de los sueños
que más que ver se adivinan
se anhelan y se persiguen

aunque mi cuerpo estaba agotado
mi cabeza no descansaba
en aquel trepidante
amontonamiento de ideas
aquella sinrazón de sueños
como si viajase a toda velocidad
por los pasillos del supermercado
de los sueños
intentando desesperadamente
llenar mi carrito
antes de que el cruel reloj
y la voz monótona e indiferente
de los altavoces de aquel sitio
indicasen que había que dejarlo ya
que todo estaba cumplido
que había que pasar por caja
para pagar los anhelos elegidos
en aquel último día
de rebajas de sueños
porque ya nadie más soñaría
hasta el próximo año
porque ya todos se tendrían
que conformar con lo que tienen
porque no se permitiría
imaginar otros mundos
o querer vivir otras vidas
ni buscar otros sentimientos
en las historias de los otros

pero allí estaba yo
asomado a aquel precipicio sin final
a aquel agujero hacia ninguna parte
hacia ninguna parte conocida
que la razón entienda
pero que el corazón quiere probar
porque él no sabe de razón
él está en continua búsqueda
aunque con frecuencia
se agote de buscar sin hallar
sentimientos que emocionen su latir
que conmuevan su emoción
que den ritmo a sus movimientos
quitándoles así esa cadencia aburrida

y mi corazón pudo con mi razón
poco importaba que el mercado de sueños
hubiese cerrado ya sus puertas
poco importaban aquellas estúpidas reglas
aquellos frenos a la imaginación
aquel prohibir el sentimiento
aquel vetar la emoción

y le convenció de que ordenase
a mis piernas dar el mayor de los saltos
hacia adelante
y dejarse caer en aquel precipicio
y dejarse volar
hacia aquel mundo de sueños
hacia aquel sitio donde
no soñar es no vivir
donde no anhelar es no respirar
donde no sentir es no latir
18/01/2005 20:03 Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

30/01/2005

El cofre del tesoro

No había forma de sacárselo de la cabeza. Se concentraba pensando en otras cosas, intentando llevar su imaginación hacia otros mundos donde él no estuviese, a mundos donde él ni siquiera tuviese un papel secundario. Pero él siempre aparecía, siempre estaba allí. Por más que lo intentaba, por más que calculaba minuciosamente el argumento de sus pensamientos, sólo conseguía que él no fuese el protagonista principal, pero siempre aparecía en sus historias, siempre tenía un pequeño papel. Se imaginaba viajando a una ciudad desconocida, a una ciudad donde nadie la conociese. Iría al teatro, se sentaría en la terraza de un pequeño café en frente de la catedral, respiraría paz a la orilla de algún caudaloso río, anotaría muchas ideas en su libreta, leería las historias que otros hubieran contado, tocaría su clarinete e incluso sería capaz de componer algún tema. Sí, alguno de esos temas que están tan dentro, tan escondidos y tan aferrados al alma que nunca quieren salir. Pero él siempre aparecía en el lugar menos pensado. Quizá sería el conductor de un autobús urbano, o quizá un músico ambulante, o uno de esos artistas que por unas pocas monedas pintan tu rostro en carboncillo plasmando las sombras que todos tenemos en un trozo de papel, o un pintor con su caballete que embelesado intenta arrinconar la grandiosidad de la catedral en un pedazo de lienzo. Quizá él vendría paseando por la orilla del río y al cruzarse con ella sus ojos se clavarían en los de Alba con ese descaro del que, aunque la razón le ordene apartar la mirada, otra fuerza mucho más poderosa y mucho más incomprensible, le obliga a mirar fijamente. A buscar dentro, a observar a través de esas fabulosas ventanas al alma que son las pupilas.

Había conocido a David hacía apenas un mes. Apareció por casualidad, como siempre aparecen las cosas más valiosas. Fue en la biblioteca pública de su barrio. Aquel día había madrugado mucho para ganarle un poco de tiempo al aplastante calor que castigaba su ciudad, y que, como todos los días de agosto, sería insoportable durante las horas del mediodía. Sus últimos relatos no le habían dejado demasiado satisfecha y esta vez estaba dispuesta a contar una historia de esas que de verdad merecían la pena. Llevaba varias horas delante de unas cuartillas de papel anotando algunas palabras inconexas y dibujando garabatos como intentando que alguna genial idea llegase de repente y se quedase atrapada en su papel. Poco a poco fue llegando gente y la biblioteca fue cogiendo ritmo. Despacio y progresivamente la biblioteca adquiría vida, como si le costase despertarse y se fuese desperezando poco a poco. Alba ni siquiera se había dado cuenta de que él estaba sentado dos mesas más adelante. Todo ocurrió en unos pocos minutos, quizá segundos, que alteraron la paz que ella había ido a buscar a aquel sitio. Ella sintió como si alguien quisiese decirle algo, contarle un secreto o hacerle una confesión. Alba creía en los mundos fantásticos, en la magia, en las vidas paralelas, en las vidas confundidas, en las vidas no vividas y en los espíritus de los muertos. Pensó que alguno de esos espíritus le quería decir algo y se puso nerviosa. Su corazón empezó a latir con más fuerza y hasta llegó a sonrojarse pensando que las otras personas con las que compartía mesa notarían su turbación y podrían incluso escuchar a su alborotado corazón. Presentía que estaba a punto de encontrar la historia que buscaba desde hacía tiempo, esa historia que de verdad mereciese ser contada. Pasaron los segundos y se concentró esperando que aquel espíritu le contase lo que quería contarle y la dejase en paz. En aquel desasosiego sus oídos se habían negado a seguir escuchando el murmullo de la sala. Ahora sólo oía los latidos de su acelerado corazón que retumbaban una y otra vez en su cabeza. Entonces su mirada se encontró con la de él. Era una mirada penetrante y descarada. Intentó no desconcentrarse y que ninguna mirada mundana pudiese interferir en su comunicación con otros mundos y conseguir así el argumento para su tan ansiado relato. Lo intentó una y otra vez, pero no pudo. Sin saber muy bien porqué aquellas pupilas la cautivaron y no se pudo resistir. Se dejó llevar a otros mundos. Por unos segundos, que a ella le parecieron una eternidad, su alma voló de la mano del alma de aquel desconocido, surcaron las nubes ascendiendo y descendiendo sin parar de juguetear, bajaron a playas desiertas y se revolcaron en la arena, se sumergieron en la profundidad de los océanos y encontraron barcos hundidos con fabulosos tesoros. No era ella la que dirigía aquel vuelo, pero estaba feliz de que alguien le hubiese cogido de la mano y fuese su timonel. Su excitación había desaparecido, su corazón se había relajado y había dejado de oír los latidos de su corazón. Sólo oía el silencio, el silencio absoluto, el silencio de la paz verdadera.

Había perdido la noción del tiempo y hubiese deseado que aquel fascinante vuelo no terminase nunca. Pero de repente volvió a este mundo, como si de un brinco se pudiese dejar el mundo de lo fantástico y aterrizar allí en la silla en la que estaba sentada. Sobresaltada, sin querer imaginar lo que sus compañeros de mesa estarían pensando de ella y avergonzada por haber tenido un sueño demasiado bonito allí, delante de todo el mundo. Miró de nuevo a aquel chico que ahora le causaba una curiosidad infinita que se escapaba a la razón. Él la había dejado de mirar. Con su mano izquierda parecía estar escribiendo algo en un papel pero tenía los ojos cerrados y su cara apoyada en la mano derecha. Así, con los ojos cerrados parecía que respiraba la paz de otros mundos.

Al cabo de un rato, abrió los ojos y rasgó un trozo de la hoja. Se levantó de su sitio, caminó hacia Alba, le posó el trozo de papel delante de ella sin atreverse a mirarla a los ojos y salió de la sala. Ella cogió el papel y lo apretó en su puño como temiendo que aquel mensaje pudiese escaparse. Uno a uno miró a sus compañeros de mesa como queriéndoles decir "esto es mío y sólo mío". Tardó unos instantes en atreverse a leerlo y cuando lo hizo, desdobló el papel con cuidado de que el chico que tenía al lado no pudiese leer nada de lo que allí ponía. Lo leyó una y otra vez:

tu sonrisa
aprisiona mi mirada
porque apartar
los ojos no puedo

verte y no mirarte
es como encontrar
el cofre del tesoro
y no querer abrirlo

te ruego
que perdones
a mis descarados ojos
pero mi razón
no consigue controlar
a mi alocada imaginación

Luego salió de la sala y él estaba esperándola. Al rato estaban hablando sin parar, contándose sus historias como si durante toda la vida las hubiesen estado reservando el uno para el otro.

Y así, día tras día, cada cual se sentaba en el mismo sitio y a media mañana sus miradas se volvían a encontrar para volar por mundos maravillosos. Después, uno de los dos se levantaba y le dejaba un poema al otro encima de sus papeles, libros o lo que tuviese en la mesa. Era como una carrera no pactada donde el más rápido volcaba un poquito de su alma en un trocito de papel que le regalaba al otro. Al poco se encontraban fuera de la sala y se daban largos paseos por todos los rincones de la ciudad. Se contaban todas sus historias, las de este mundo y las de los mundos que cada cual frecuentaba.

Desde que conoció a David, ella vivía todo mucho más intensamente porque lo vivía para contárselo a él. A menudo se imaginaba que él la podía ver a través de una mirilla y entonces ella le sonreía y se ruborizaba. Entonces ella se movía para él, no andaba, se deslizaba como quien está seguro de sus pasos, como el que sabe que no va a tropezar, o más bien, como el que no tiene miedo a tropezar. Iba por la calle sonriendo, cruzaba los pasos de cebra mirando fijamente al cristal de los coches imaginándose que era él el que conducía y sonreía con la sonrisa de la felicidad plena. Por las mañanas se miraba al espejo y le buscaba en sus propias pupilas. Y allí estaba él. Le sonreía, le guiñaba un ojo, le lanzaba un beso o le sacaba la lengua. No dejaba de pensar en lo que él estaría haciendo, en lo que estaría pensando, y le imaginaba en las situaciones más cotidianas.

Y no era capaz de pensar en otra cosa ajena a él. Sólo deseaba estar con él y tenía un deseo incontrolable de contar, contar y contar. Sólo ansiaba volver a mirarle a los ojos y ver el fondo de su alma. Sólo deseaba pasar la vida mirando el mismo cielo que él.
30/01/2005 23:28 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.




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