|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004. 12/12/2004"Cuantas incontables locuras malgastaron nuestros sueños" (título tomado prestado de Joyce)Alguien dijo que la tierra era redonda; para Johnny era tan plana como lo que a lo largo de su vida habían alcanzado a ver sus ojos. Siempre había vivido en aquella pequeña ciudad cuyas calles eran su vida y cuyas plazas le daban cobijo. Había nacido en una familia muy humilde y era aquella una época de estrecheces. Se podría decir que Johnny sólo había conocido años de vacas flacas y de alguna forma esperaba año tras año que se cumpliese aquella profecía bíblica de los siete años de vacas gordas que debían preceder a otros tantos de miseria. Pero año tras año las cosas seguían igual, aquellas malditas vacas gordas parecía que tenían vedada la entrada a su ciudad, a su mundo. Pero, a pesar de todo era una ciudad tranquila. La vida pasaba sin darse importancia ante los ojos de los habitantes de aquel sitio, tal y como trascurren las cosas que no parece que no tienen mucho sentido. Pero un lluvioso día de otoño todo cambio de repente en aquella tranquila y mísera ciudad. En un abrir y cerrar de ojos la ciudad se llenó de soldados que parecían que llegaban de todas partes. Llegaban exhaustos, sucios y sudorosos, como si un largo y tortuoso camino trajesen tras de sí. No estaban acostumbrados los habitantes de aquella ciudad a visitantes, apenas llegaban una vez al mes un puñado de vendedores ambulantes que traían cereales y verduras para venderlas en la plaza del pueblo. Pero aquella noche riadas y riadas de soldados, como almas en pena deambulando por el purgatorio, invadieron la tranquilidad de sus calles y plazas. Como las peor de las tormentas, el estruendo de sus vehículos y de sus tanques rompió la monotonía de aquel sitio en un día cualquiera de otoño. En los jardines que rodeaban el ayuntamiento levantaron sus tiendas de campaña y a las pocas horas otra ciudad había aparecido en el corazón de la villa. Un mundo extraño y hostil era el que traían consigo aquellos hombres que vestían uniformes verdes, rotos y sucios. El centro de la ciudad se había convertido en otra ciudad. Una ciudad construida en un abrir y cerrar de ojos con telas cuya fragilidad parecía que apenas sería capaz de cobijar a aquellos hombres de la persistente lluvia que castigaba a la ciudad. Entre las tiendas de campaña que se habían levantado allí, destacaba una de dimensiones enormes que lucía una enorme cruz roja encima de un hueco que parecía su puerta. Al poco una gran actividad empezó a tener lugar en la entrada de aquel hospital de campaña. Camiones repletos de heridos llegaban y numerosos enfermeros se afanaban para sacar a los heridos de los e introducirlos al hospital. Muchos de aquellos heridos apenas se movían y daba la sensación de que su alma se había quedado para siempre en el campo de batalla. Otros se retorcían de dolor, gritaban y maldecían aquella funesta batalla. Los más se habían quedado sin palabras y miraban absortos aquel sinsentido. Johnny se encontraba en la plaza del ayuntamiento, justo en frente del hospital de campaña del primer y único ejército que él había visto. Hubiese preferido que aquello le resultase ajeno, pero aquella era su plaza, su ciudad, su mundo. Era el único mundo que él había conoció, un mundo simple y sin complicaciones donde nadie se había imaginado la necesidad de disponer de soldados o de armamento alguno. Sin saber muy bien, quizá guiado por la catástrofe y la sinrazón que veían sus ojos, se dirigió al enorme hospital de campaña. Se acercó a uno de los camiones que estaba vaciando su trágica mercancía y se dispuso a ayudar a los soldados que procedían a la evacuación de los heridos. Intentó ayudarles a bajar del camión una camilla con uno de esos soldados que apenas se movían, pero, sin mediar palabra alguna, uno de los soldados le apartó de un codazo tirándole al barro. Humillado y en el suelo sentía más no poder ser de utilidad en aquella situación crítica que el propio codazo que le había propinado el corpulento y sucio soldado. Al poco apareció ella. Salió del hospital vestida con una bata blanca con grandes manchas de sangre y arremangadas las mangas hasta los codos. Caminaba segura, con paso firme entre tanto caos y su mirada estaba perdida más allá de la belleza de sus ojos. Johnny aún no se había levantado y seguía en el barro soportando la incesante lluvia. La observó acercarse y no pudo menos que dejarse arrastrar por su profunda mirada. Era como un ángel que se hubiese caído del belén, como un ángel en medio del infierno, un infierno de dolor y muerte. Él no había visto nunca a esa chica tan hermosa, ni tan siquiera se había imaginado que pudiese existir un ser tan bello y delicado. Ella se movía hacia Johnny y al llegar a su charco de barro, se agachó sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, le puso la mano en la nuca a la vez que sus dedos se entrelazaban con su pelo y acercó muy despacio sus labios a los de Johnny. Parecía que iba a pasar una eternidad antes de que los labios de aquella preciosa muchacha se uniesen con los de Johnny, pero cuando apenas un milímetro les separaban, cuando apenas faltaba un segundo para que su infierno se convirtiese en cielo, sintió un leve empujón en su costado derecho y todo desapareció por momentos. Entonces un terrible dolor de cabeza le sobrevino de repente. Juntó fuerzas para abrir los ojos y oyó la voz de Ana que le decía "son ya las dos y en media hora comemos con tus padres... anoche te pasaste con las cervezas". En otras circunstancias no hubiese dejado que Ana se saliese con la suya y la hubiese cogido de la cintura para llevarla con él a sus sueños, pero aquel día la resaca era demasiado intensa. Antes de levantarse y arrastrase a la ducha cerró de nuevo los ojos e intentó encontrar el beso perdido de sus sueños, pero no pudo. 12/12/2004 18:54 Enlace permanente. Hay 2 comentarios. 22/12/2004mi pequeña amiga (ahora te quiero mucho más, pero mucho más que antes)Mi pequeña amiga siempre estás a mi lado midiendo cada uno de mis pasos anticipándote a mis caídas nunca entendiste porqué jamás escuchaste cuando yo te decía que después de caer debo ser yo el que me levante. Siempre quisiste parte de mi pena pero yo no la quise compartir contigo porque mi pena es mía y sólo mía. Hoy, mi pequeña amiga se que sigues a mi lado porque cada caída no me duele tanto como antes. 22/12/2004 13:59 Enlace permanente. Hay 1 comentario. 23/12/2004las historias jamás contadas desaparecen para siempreme dices que no tienes historias que contarme que tu vida es y ha sido siempre sencilla pero cada vida cada instante cada suspiro cada lágrima cada sonrisa cada experiencia cada persona cada episodio feliz cada amanecer cada historia triste cada pensamiento cada deseo cada te quiero cada nunca te olvidaré cada pienso en ti cada anhelo cada remordimiento cada sueño cada pesadilla cada lección cada amigo cada momento merece ser contado y sólo puede ser contado por nosotros mismos porque nuestra vida está formada por infinitas historias historias felices e historias tristes pero todas ellas historias fascinantes historias que si no contamos nosotros quedarán sin ser contadas por eso no quiero que me digas que no tienes historias para contarme porque cada soplo de vida cada instante en tu pensamiento es una historia fascinante que yo quiero que me cuentes 23/12/2004 18:44 Enlace permanente. Hay 3 comentarios. 24/12/2004verte pero no mirarte a los ojosme gustaría ser como un niño para mirarte sin recelo para verte como eres para no creerme que eres como yo creo que eres me gustaría ser un vagabundo me gustaría ser un transeunte me gustaría no desear nada ni tener nada pero tenerlo todo pero vivir en un mundo donde nada sea de nadie y todo fuese de todos para no esperar nada de ti para mirarse sin recelo para no tener miedo de mirarte directamente a los ojos para no pensar que no eres igual que yo para mirarte sin prejuicios para quitarme ese prisma a través del que veo mi mundo para poder enriquecerme pudiendo ver también tu mundo 24/12/2004 18:46 Enlace permanente. Hay 1 comentario. una pesada carga en mi mochilaa medida que pasa la vida uno va llenando su mochila con las experiencias con las historias felices con los momentos tristes con las sonrisas con los recuerdos y con las lágrimas todo ello va forjando nuestro carácter todo ello es lo que nos hace como somos pero también vamos acumulando en la mochila infinidad de prejuicios infinidad de recelos porque nos resulta mucho más cómodo no tener que hacer el esfuerzo de presentarnos ante el otro limpios, sin nada, sin ideas preconcebidas, sin peros, sin reparos simplemente presentarnos dispuestos a escuchar dispuestos a aprender dispuestos a comprender escuchar más allá que oír mirar más allá que ver entender su punto de vista más allá que prejuzgarlo más allá que buscar los puntos de desacuerdo mirar a través de sus gafas para el año nuevo lo único que deseo lo único que os deseo es la felicidad que da el desprenderse de esa pesada carga que llevamos en forma de prejuicios 24/12/2004 19:10 Enlace permanente. Hay 1 comentario. |
megustasutopiaTemasArchivos
Enlacespersonales |