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megustasutopia

te deseo

gritar
de placer

llorar
de emoción

soñar
mil utopías

luchar
por un mundo mejor

denunciar
las injusticias que nuestro mundo justifica

aprender
de los diferentes

imaginar
para ensanchar la vida

leer
relatos fascinantes

escuchar
sin juzgar

mirar
a los ojos

sentir
sentimientos nuevos

sangrar
historias que quedaron atrás

cicatrizar
la pena ya llorada

bailar
sin parar

respetar
al que piensa diferente

latir
nuevas ilusiones

bracear
contra el materialismo

cuestionar
lo que nadie cuestiona

creer
que otro mundo es posible

invertir
en ti mismo

compartir
lo que llevas dentro

nadar
contracorriente

empatizar
con el emigrante
con el mendigo
con el ciego
con el drogadicto
con el que no tiene que comer

cantar
en cualquier lugar

no tolerar
la violencia

emocionar
al que se cruce en el camino

escribir
lo que no te atreves a decir o simplemente no dices

apagar
la televisión

brindar
por un mejor 2008

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el conjuro

Le bastaba con encender una vela, congelar la mirada en la llama durante unos instantes, apretar poco a poco los ojos, cada vez más, hasta que se cerraban por completo. Apretaba los párpados con fuerza para que la magia no se derramase por las pupilas. La llama entonces seguía encendida dentro dibujando formas extrañas, creando sombras caprichosas que se movían al son de los pensamientos. Dicen que cada idea, cada ilusión tiene su propio acomodo en la imaginación y que basta con dirigir la llama a su rincón para conjurar un sueño.

Ana conocía muy bien estas técnicas. En su casa había velas de todos los colores, todos los tamaños y todos los olores. Cada tipo de vela tiene sus propias características, me dijo una tarde. Las hay para conjurar amores desconocidos, otras para amores perdidos e incluso para hacer conjuros de desamor. Nunca entendí muy bien eso de conjurar al desamor, aunque eran tantas cosas las que no entendía de Ana que me conformaba con aprender a iluminar un puñado de sueños. Supongo que en el fondo lo que quería era conjurar a mis miedos, a mis propios fantasmas y a mis indecisiones para así dejar vía libre a mis ilusiones.

Al principio me lo tomaba a broma, me resultaba pintoresco ver velas por cualquier rincón de su casa. Estaba loco por ella y me bastaba con estar a su lado, aunque muchas noches acabáramos en su enorme bañera con la luz apagada y en medio de un mar de velas flotando cuyas llamas se relejaban en el agua y en el gran espejo al que Ana no quitaba ojo. Me decía que los espejos son puertas a otras dimensiones que normalmente nos están vetadas pero que mirando con detenimiento siempre nos dan pistas y nos muestran reflejos del otro lado, señales que sólo nuestros sueños más profundos saben interpretar.

Aquella calurosa noche de junio nuestros cuerpos se fundieron como nunca jamás lo habían hecho. Juntos bailaron al son de la enorme llama que a duras penas una vela se afanaba por no dejar escapar al pie de su cama. Nuestros cuerpos se estremecieron, gritaron y sudaron. La llama tomaba tonos azulados, se retorcía como si su gozo fuera mayor que el nuestro y sudaba gotitas de cera que se arrastraban por la espalda de la vela hasta mojar sus pies.

Exhaustos y fundidos en un abrazo infinito vimos como la llama se apagó sin motivo aparente. Ana me cogió de la mano y me llevó a la bañera. Como otras veces, encendimos multitud de velitas que flotaban entre nuestros cuerpos. Sentado en un extremo de la bañera cerré los ojos para recuperar el aliento y prolongar en mi imaginación el éxtasis en el que había estado sumergido minutos antes.

Al abrir los ojos y ver a Ana mi corazón dejó de latir y un sudor helado se abrió paso por cada poro de mi cuerpo. Ella estaba completamente sumergida en el agua dejando tan sólo la cara fuera con los ojos cerrados. Todas las velas formaban un círculo perfecto alrededor de su rostro. De repente todas las velas se apagaron y Ana volvió en si como si despertase de un largo sueño. Salió de la bañera y me dijo que tenía que irme.

En la puerta de su apartamento nos despedimos con un frío beso en el que nuestros labios apenas se tocaron. En sus ojos leí que había conjurado a la soledad. Una lágrima osada salió de uno de mis ojos y ella la recogió con su dedo corazón sin dejar de mirarme. Nos despedimos sin hablar.

Alguien dijo una vez que las personas especiales se alimentan de la soledad y que cada persona tiene su momento. Supongo que los que no somos tan especiales queremos que ese momento sea eterno.

Mi casa ahora está llena de velas de todos los tamaños y olores y con ellas ilumino cada rincón de mi alma buscando sueños que conjurar. Cada noche miro al firmamento buscando a mi brujita subida en su escoba. Cuando me voy a dormir a menudo dejo una ventana abierta por si ella quiere entrar en mis sueños.

lo que queda

cuando el recuerdo ya no duele
cuando la melodía relaja el alma
cuando tú vives en mi
cuando yo soy parte de tu vida
cuando el corazón late por dos
cuando ya no sangran las heridas
cuando la vida es una circunstancia
cuando el adiós es un quédate conmigo
cuando el amanecer juega con la luna
cuando el sueño es parte de mi vida
cuando encuentro sin buscar
cuando busco dentro de mi alma
cuando aprendo a caminar
cuando te veo sin mirar
cuando los tesoros son una casualidad
cuando el sol descansa en la arena
cuando ya no quedan huellas al pisar
cuando camino sin pisotear
cuando tus ojos son bonitos
cuando ya he aprendido a mirar
cuando la sonrisa es parte del despertar
cuando un instante es eterno
cuando la eternidad es quedarme contigo
cuando la emoción se mezcla con la vida
cuando mi vida vive en ti
cuando por ti daría la vida
cuando todo es un sinsentido
cuando tú das sentido a mi respirar

busqué la soledad

Harto de oír
a quienes no tienen nada que decir
busqué el amparo del silencio
me refugié en la soledad
bebí en fuentes perdidas
me escondí con la luna llena

Desnudo en lo más alto
con la mirada en el infinito
respiré el perfume de mi alma
deambulé entre mis propios fantasmas
escarbé en mis cimientos

Visité mi yo más profundo
me aferré a mis ideas verdaderas
abrazado a mil y un sentimientos
sangré viejas, nuevas y olvidadas emociones
mientras la vida cicatrizaba mis heridas

Con la fuerza de mi yo más mío
nadando contra la inercia
dibujo escenarios
que sueño pasear

Aliado de la luna llena
amigo de la soledad
aminal curioso
que nos se cansa de mirar
buscando cosas bonitas
que alienten mi respirar

principio y final

planes y planes
la vida es lo que se escapa entre plan y plan

prisas y prisas
me empujan a lo urgente, me alejan de lo importante

el mundo sobre mis hombros
absurda carga, pretencioso espíritu

muertos y muertos
¿muertos para evitar más muertos?

nosotros o ellos
ni nosotros somos nosotros ni ellos son ellos

fronteras y banderas
ninguna asesina bandera me pone de pie

religiones los cojones
ideas que mataron y siguen matando

emigrantes inmigrantes
no creo en las fronteras, donde esté esa es mi patria

objetivo caminar
la vida es camino, disfrutarlo es la meta

buscador de utopías
iluminan el camino en las noches no estrelladas

principio y final
y por qué no si cualquier día me muero yo...

 

... 

planes y planes
prisas y prisas
el mundo sobre mis hombros
muertos y muertos
nosotros o ellos
fronteras y banderas
religiones los cojones
emigrantes inmigrantes
objetivo caminar
buscador de utopías
principio y final

en la Illa de Arousa

la cometa

Ideas inconexas
o más bien conectadas
muy dentro
lejos de la realidad
palpable de la consciencia

Niño en la arena
que quiere ser tu amigo
sonrisa en los labios
cometa que vuela
¿quién dijo
que el hombre
no puede volar?
jugar con el viento
besar el agua salada
vueltas y vueltas
y más vueltas
para acabar
mirando para arriba
siempre hacia arriba
ahí no existen pecados.

Abro mucho los ojos
para sentir cómo voy
y vuelvo a ir
caigo a toda velocidad
contra la arena
pero antes de estrellarme
muevo los hilos
que me hacen recuperar aire
hincharme con otra brisa
oler un nuevo aroma
y subir de nuevo

bailar contigo

Cuando el sol
a punto de pegarse un baño
la tarde agotaba
me quité las sandalias
para notar el frescor de tu arena
y busqué las huellas
de otra tarde tarde
que acaricié su cara
que toqué su pelo.

En silencio pude leer sus ojos
y escuchar su alma
sentados en la arena
fundidos en el abrazo más sincero.

El sol detuvo el día
y llegó con la brisa una leve melodía
de otra tierra, de otra gente, de otro tiempo

Fundidos
tal que mi cuerpo era su cuerpo
tal que ninguno por separado tenía sentido

bailamos
hasta que el mar
mojó mi espalda
acarició la suya

bailamos
hasta que el sol
se dejó caer sobre las olas
para bailar contigo

malas costumbres

mala costumbre
enamorarse
del que no puede corresponderle a uno

tú llegas sin avisar
irrumpes en el patio
de la parte de atrás

cuando la gente duerme
buscas un corazón
aburrido de latir

te acomodas a su respirar
navegas por su nostalgia
y bebes de su soledad

alteras su ritmo
das un nuevo color
a la sangre que oxigena

alguien dijo que enamorarse
cuando uno no va a ser correspondido
era una mala costumbre un gran desatino

yo reivindico la casualidad
la fortuna de tropezar contigo
seas niño, niña, planta o higo

estés viva o muerto
seas pintor
o cultives un huerto

virgen, hada, casada o prometida
encantadora de saltamontes,
escritora de cuentos de nomos
o esposa malquerida

deja que secuestre tu latir
deja que no me acostumbre a ti
deja que la inquietud
la desazón y el desasosiego
no se apiaden de mi

deja que el cielo se llene de estrellas esta noche
deja que la luna ría sólo para mi
deja que salga un nuevo sol cada mañana

déjame escribirte los versos más bonitos
deja que de mil vueltas a la almohada esta noche
déjame que no deje de pensar en ti

como cualquier gripe
como has llegado te irás
pero déjame que no me canse de soñar

vivo

vivo cuando grito cuando canto
cuando quiero estar contigo
vivo en una caricia en un beso
cada vez que busco tu aliento
vivo entre todos los mundos
que imagino, que dibujo, que deseo
vivo siempre que tomo parte
cuando quiebro la garganta
cuando digo que el mundo no es mío ni tuyo
cuando sé que nosotros somos del mundo
cuando no quiero ser cómplice y denuncio
cada muerto
cada guerra
cada arma
cada muro
vivo cuando respiro tolerancia
cuando no te miro con recelo
vivo en un mundo diverso
donde aprendo de las diferencias
vivo si quiero cambiar el mundo
si no quiero que el destino esté marcado
con la casualidad de ser nacido en uno u otro lado
vivo cuando quiero aprender
cuando observo cuando pienso cuando escribo
vivo siguiendo una utopía
volando en mi escoba
buscando una estrella
sentándome en la luna
acariciando tus caricias
besando tus besos

El cojín

Aún no he conseguido reponerme de todo aquello que pasó exactamente hoy hace un año, y creo que nunca podré superarlo. Todavía hoy sigo atormentándome. Conocía a Isabel desde que éramos muy niños y siempre he estado enamorado de ella. Para mí nunca ha existido otra mujer. Ella siempre me miraba con esa carita con la que los niños miran a los locos, con esa complicidad que se desvanece con el tiempo y que finalmente se transforma en miedo. Isabel se fue del barrio justo al acabar el instituto, lejos, demasiado lejos para entender porqué. Ella se fue de repente, no se despidió. Yo intenté odiarla por dejarme así de aquella manera, pero incluso en eso fracasé. Cuanto más tiempo pasaba, sin poder verla ni siquiera de lejos, más crecía mi amor por ella. Oí comentar en el barrio que se había ido a otro país, a un sitio mucho más próspero que aquella miseria que nos había dejado la guerra. Ya han pasado 20 años desde la última vez que la vi.

Durante todo este tiempo yo he intentado amar a otras mujeres. Muchas veces. Demasiadas. Pero una y otra vez fracasaba. No sentía nada por ninguna de ellas. Me obsesionaba buscando por todos las esquinas de la ciudad mujeres que se pareciesen a Isabel. Salía de casa al caer la noche con la única ilusión de encontrar a una que me despertase la pasión que años atrás me había despertado Isabel. Me movía por los sitios más diversos de la ciudad, discotecas de moda, escuelas universitarias, casas de alterne, clubs de mala muerte. Cada vez que conocía a una chica me turbaba de emoción. Una cosa me subía por el estómago hasta la garganta. Era maravilloso, era sentirse vivo de nuevo, era como despertarse de la muerte y visitar fugazmente el mundo de las sensaciones. Pero todo aquello se desvanecía al rato. A medida que las iba conociendo e iba entrando en su mundo, aquella fantástica sensación adolescente se diluía y yo sentía cómo volvía poco a poco al mundo de los muertos. Entonces se despertaba en mi interior la rabia de la impotencia y lo que es peor, la rabia de la traición. Un sentimiento que me sacaba de mí, me hacía enloquecer. Me sentía sucio por haber intentado traicionar a la única mujer a la que había amado en mi vida. Me odiaba a mi mismo y odiaba todo lo que tenía a mi lado. También las odiaba a ellas porque pensaba que el demonio las había enviado para sustituir a Isabel. Un odio infinito secuestraba mi mente. Y entonces, sin ser consciente de lo que pasaba por mi interior, como dejándome llevar por una corriente arrolladora que me llevaba de regreso al país de los muertos, en medio de un ataque de furia enloquecedora y con la complicidad de algún oscuro callejón, todo terminaba de la misma manera.

Pero aquella noche fue diferente. Fue la noche de junio en que las hogueras de San Juan iluminan los rostros de los más osados que se atreven a pedir algo al destino. A la misma hora que todos los días, salí de mi casa empujado por la fuerza interior de la añoranza, del deseo, de la esperanza de encontrar algo de lo que había perdido muchos años atrás. Después de recorrer varios pubs de la zona universitaria, y cuando caminaba hacia un club que visitaba no menos de dos veces por semana, me encontré con una de aquellas hogueras. A pesar del calor y el humo que desprendía, estaba abarrotado de gente que se acercaba a la hoguera para alimentarla con sus deseos más profundos. Nunca creí en aquellas tonterías, pero llevaba demasiado tiempo buscando algo que no conseguía hallar.

Cerca de mí, un grupo de jovencitas escribía sus deseos en unas hojas de papel y entre risas se iban acercando una tras otra a quemar sus anhelos en la hoguera.

- ¿Serías tan amable de prestarme un trozo de papel y algo para escribir?

Le dije a una de ellas.

Ella se giró para prestarme su bolígrafo y un trozo de papel en blanco. Tan pronto vi aquella sonrisa angelical mi corazón empezó a palpitar como no lo había hecho desde que Isabel se fue. Ninguna mujer de las cientos que había conocido en aquellos años de sinrazón me había hecho sentir algo tan indescriptible. Volqué mi deseo más profundo en aquella cuartilla cuadriculada, la doble y la arrojé a la hoguera. Entonces pude observar que la hoja de papel al quemarse lanzaba unas llamas azuladas que ocultaban rostros horribles, monstruos que me gritaban sin parar cosas que no entendía y que se carcajeaban cruelmente de mi. Tuve que apartar la mirada de aquella escena porque supe que si seguía mirando la locura se apoderaría de mí nuevamente.

Volví a devolver el bolígrafo que me habían prestado y otra vez me encontré cara a cara con aquella fascinante sonrisa. Sin saber muy bien cómo empecé a hablar con aquella preciosa chiquilla. Al cabo de un rato ya estábamos ella y yo solos. Ella me hablaba de sus ilusiones, de sus pensamientos de sus anhelos sin dejar de clavar su mirada en la mía. Ya no era la emoción que había sentido al conocer a otras mujeres, eran sensaciones mucho más profundas las que se apoderaban de mí. Sensaciones que se habían ido con Isabel hacía muchos años.

Pero aquella emoción infinita pronto se tornó en locura. Yo estaba muy nervioso, porque de alguna forma empezaba a sentir algo desconocido en mi interior estaba empezando a suceder. Por mi mente pasaban pensamientos fugaces que me decían que aquella vez iba a ser diferente, que aquella chica sí que era la Isabel que yo llevaba tantos años buscando. Pensaba que al final había conseguido apartar de mi mente la rabia y la impotencia del que busca sin hallar. Pero una rabia mucho más intensa se apoderó de todos mis pensamientos. Era la rabia de la traición, una traición terriblemente más grave que la que había sentido con otras mujeres. Como si se tratase del ángel bueno que lucha en mortal combate con el ángel del demonio, la idea de que, después de tanta búsqueda había encontrado lo que siempre había anhelado, algo mucho más intenso que lo nunca había sentido por Isabel, intentaba hacerse un hueco en mi mente. Sentía enloquecer, dentro de mi la traición luchaba en terrible duelo contra el amor, el bien contra el mal.

Mi cabeza estaba a punto de reventar, aquellas ideas no hacían más que golpearme una y otra vez. Y no pude más. Todo acabó como tantas otras veces en un oscuro callejón. Una vez más, el ángel malo se salía con la suya. A su vera, el ángel bueno no había dejado de mirarla ni un solo segundo, acariciaba su angelical rostro y guiaba sus pasos hacia el país del nuevo amanecer. Yo estaba aturdido en medio de una lucha de titanes. Apenas tuve fuerzas para cogerla entre mis brazos antes de que la vida se le fuese por completo. La abrazaba con una pasión que nunca había sentido y sentía que su cuerpo inerte se me escurría. Le susurraba al oído cosas bonitas, le suplicaba que no se fuese, le decía que yo cuidaría de ella toda la vida. Pero ella se fue y yo deposité su cuerpo vacío en el suelo y recosté su cabecita en un cojín que hallé entre la basura. Se trataba de un cojín muy hermoso, de seda. Pensé que el azar lo había puesto allí, a mi lado, pero al ver cómo sonreía el ángel bueno, supe que había sido él.

Allí mismo dejaba la vida para volver de nuevo al mundo de los muertos. No ha pasado un solo día desde aquella noche de San Juan del pasado año, que no lamentase lo ocurrido. Después de aquel día supe que nunca hallaría lo que llevaba tanto tiempo buscando, que seguiría viviendo en el mundo de los muertos hasta el resto de mis días.

y el mundo calla

con excusas viles
disparan sus balas
contra la gente
sus tanques
demuelen viviendas
sus bombas
destruyen la central
que les da la luz
arrasan carreteras
que pagó Europa
pero ésta está muda
bloquean fondos
que les dan de comer
detienen a sus representantes
asesinan a sus niños
encarcelan a sus mujeres
en nombre de la libertad
se la arrebatan durante años
riéndose de la justicia
riéndose del mundo entero
riéndose de los Derechos Humanos
riéndose de la ONU
después de haberles
colgado la etiqueta de terroristas
quizá por tener otro Dios
quizá por ser de otro color
quizá por tener la energía
que mueve nuestro capitalismo

y nosotros callamos
y somos cómplices mudos
de tantos
y tantos crímenes

y el mundo calla
y cierra los ojos
y se acostumbra a la injusticia
y no se levanta contra
las detenciones ilegales
y no grita
contra los asesinatos selectivos
y sigue llamando
terroristas a unos
y redentores a otros

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inquieta emoción

Te extraño
vuelve a mi
no dejes que caiga
en profundos sueños
hazme dar vueltas
y vueltas al alba
entra en mi estómago
sube hasta mi garganta
conviértete en sudor frío
agita mi tranquilo respirar.

Entra en mi cerebro
encadena un pensamiento
con el siguiente
busca una luz
recréate en la salida del tunel
respira
y mira atrás
con orgullo
con un brillo infinito en la mirada

cuando llegue el momento

Cuando llegue el momento
quiero estar a tu lado

He aprendido a caminar sólo
Pero hoy quiero caminar contigo
juntos el resto del camino
hoy celebro haberte conocido
hoy celebro que tú des sentido a mi vida

Ambos conocemos el camino
nuestros pies ya se han acostumbrado
a las piedrecitas o al barro
hemos tropezado tantas veces
que sabemos que volveremos a hacerlo

Pero cada caída
nos da más fuerza para seguir adelante

Caminaremos juntos
y cuando llegue el momento
quiero que me cojas de la mano

Espero que el camino sea largo
y que se me haga breve

Unas veces tú caminarás más rápido
otras yo tomaré la delantera
llegaremos a sitios donde tú quieras quedarte
yo esperaré paciente a cierta distancia
y luego seguiremos juntos

Unas veces de la mano
tropezaremos juntos
unas veces tú me ayudarás a levantarme
otras veces seré yo quien te ayude.
Otras veces caminaremos a cierta distancia
dándonos espacio, dándonos aire
y tropezaremos cada uno sólo

Siempre tendremos libertad
para caminar juntos
o con unos cuantos pasos de distancia

Pero cuando tropieces
siempre estaré a tu lado
te ayudaré a levantarte
y entenderé
cuando quieras levantarte sola

Cuando llegue el momento
quiero estar a tu lado
coge mi mano
como tantas otras veces

Gracias Lidia por regalarme toneladas de sentimiento 

estrecho

estrecho
sangre derramada
vidas engullidas

estrecho
sueños apagados
ilusiones de una vida mejor

estrecho
gotas de sudor
último aliento

estrecho
desolación a un lado
vida en la otra orilla

estrecho
huyo del hambre
la pobreza y el SIDA

estrecho
niños que se hacen hombres
niñas que en su vientre llevan vida

estrecho
¡cuántas vidas apagadas!
¡cuántos sueños sumergidos!

estrecho
alguien te nombró verdugo
su conciencia intranquila debe estar

de sueño a sueño

Mi querida mamá,

Desde la pasada nochebuena en que te fuiste no he dejado de pensar en ti aunque siempre lo hiciese como algo lejano, ajeno, frío y distante, como algo pretérito. La muerte es algo misterioso. Supongo que nos empeñamos en recubrirla con nuestros miedos y fantasmas, supongo que no nos atrevemos a mirarla a la cara por miedo a ver nuestros propios rostros reflejados en el suyo. Nos empeñamos en disfrazarla, en vestirla de una pordiosera marginada con la que nadie quiere tener nada que ver, a la que todos rehuyen.

Anoche tuve un sueño y por eso te escribo. He pensado mucho en él y he intentado descifrar sus claves. Han pasado ya unos cuantos meses desde tu muerte y ahora, por primera vez, tengo la certeza de que tú sigues estando aquí a mi lado. Una y otra vez me han hablado del cielo diciéndome que es un sitio maravilloso situado entre el sol y las estrellas donde se respira la paz verdadera y donde te encuentran los espíritus de todas las personas uno ha querido en la tierra. Me han dicho que tú estabas allí, y que estabas bien. Supongo que para que dejase de llorar.

Estabas hermosa, tal y como te recuerdo cuando aún no vivíamos en el centro y yo aún era muy pequeña. Tenías el cabello largo, muy largo y cuando venías a recogerme al colegio siempre te observaba y miraba a las otras niñas con orgullo como diciendo “mirad, esa es mi mamá y yo cuando sea mayor tendré una melena como la suya”. Todas nosotras queríamos ser como tú. Estabas en la misma habitación del hospital donde ellos te robaron la vida. La puerta estaba cerrada y, aunque yo estaba en el pasillo, era capaz de verte a través de las paredes.

Quise acercarme a ti y atravesé la pared. Noté como ella me traspasaba y por unos segundos me recreé en esa nueva sensación. Fue como si una sustancia arenosa me cruzara por dentro. En la habitación había una señora mayor en la cama de al lado a la tuya. La miré a los ojos, y supe que, a pesar de tener muchas deudas pendientes, aquella misma tarde partiría. Es importante no dejarse deudas pendientes porque casi nunca la muerte concede prórrogas. Estaba como absorta, como negociando el momento preciso con la dama de las tinieblas. En una de las paredes colgaba un espejo al que me acerqué. Me miré y no vi nada. Con frecuencia me había sucedido que al mirarme a los espejos veía a personas que no conocía, pero aquella fue la primera vez que no vi a nadie.

Dos señores estaban a cada lado de tu cama y, cada cual con unas tijeras enormes en las manos, se disponían a cortarte la melena y a robarte la vida. Yo quise impedirlo y corrí hacia ti, pero en cada paso que daba me alejaba más. Algo me sujetaba de la cintura hacia atrás con fuerza. Era como una enorme goma invisible que el destino estaba manejando en mi contra con sus burlonas manos. Durante un buen rato intenté aferrarme a tu cama para ganarle la pugna al destino pero cuando pensaba que ya te tenía al alcance, tu cama comenzaba a estirarse. Con gran esfuerzo yo me sujetaba, como si de ello dependiese tu vida, a la estructura metálica de tu cama, pero esta se estiraba más y más alejándote de mí. Te veía alejarte sentada en el cabecero de aquella cama infinita. Giré la cabeza para ver al que se había aferrado a mi cintura, que sería sin duda el compinche de aquellos dos señores que te querían robar el alma, para intentar negociar con él y cambiar mi alma por la tuya. La mía siempre fue poca cosa. Insignificante comparada con la tuya, mamá. Pero tenía que intentar algo. Sería un truque desesperado, la mayor jugada que nunca había hecho, un órdago a la muerte.

Al girarme sentí que una corriente de aire helado me atravesaba por dentro y subía por mi garganta congelando mis cuerdas vocales. Todo el castillo de naipes se derrumbó cuando pude ver que allí no había nadie. Nadie con el que negociar. Quise gritar de rabia pero mis cuerdas vocales se habían congelado. Tú cama se estiraba más y más y apenas lograba ya verte. A duras penas pude ver cómo aquellos dos señores comenzaban a cortar mechones de tu pelo.

Noté dos lágrimas saladas que habían traspasado mis pupilas y recorrido mi cara hasta la boca. Sin reparar en que ya nos separaba un infinito y en que mis cuerdas vocales se habían congelado grité de nuevo. Esta vez grité tu nombre. Fue la única vez en mi vida que no te llamé mamá. Te dije Ana.

No salió ningún sonido de mi boca. Pero tú me oíste. Lo se porque pude ver tu sonrisa aparecer en tu rostro a lo lejos, en aquella cama infinita. Luego pusiste cada una de tus manos en la cabeza de los dos señores que te estaban robando el alma y viniste volando hacia mi. Eras ligera y hermosa. Y tenías la misma sonrisa que llevabas cada vez que me recogías del colegio. Una sonrisa perfecta y sincera. Cuando uno se fija un poco no es complicado saber si la sonrisa proviene del alma o es fingida.

Aquello que se había aferrado a mi cintura y que me alejaba de ti había desaparecido por completo y una quietud se había apoderado del lugar. Me sentí como el protagonista de la película que al ser visionada por una pareja cualquiera es pausada durante unos instantes para salir de debajo de la manta e ir a calentar un poco de café con leche.

Llegaste hasta donde yo estaba y me cogiste de la mano como cada uno de aquellos días en que ibas a recogerme al colegio. Tiraste de mí con fuerza y pude ver que yo también era capaz de volar. Volé a tu lado sin importarme hacia donde.

me voy a poner

un día de estos
me voy a poner
lo he decidido
no dejaré
que pase el tiempo
absurdo
sin haber hecho nada

y cuando me ponga
vas a ver
que las cosas
no tienen porqué
ser como son
simplemente
porque nadie
las quiere cambiar
porque nadie
ha tenido tiempo
para ponerse

unos tienen tiempo
y otros carecen de él
que paradoja
graciosa
que el tiempo
sea diferente
para unos y otros

seguro
que nada es seguro
aunque sospecho
que dos minutos
para unos es la vida
mientras que para otros
una eternidad
es el hastío

y me voy a poner
lo prometo
y cuando me ponga
vas a ver
cómo yo
estaba en lo cierto
y cuando me ponga
todos veremos
cómo era más
sencillo
de lo que habíamos pensado
que simplemente
era una cuestión
de ponerse
o al menos
de quererse poner

los más valiosos tesoros aparecen por casualidad

Lo bueno,
lo malo,
lo circunstancial
es casual

que yo sea niño o niña
que no pase hambre ni tenga SIDA
que sea cristiano o musulmán
es casual

que viva a este lado de la frontera
que naciera en el primer mundo
o en el África meridional
es casual

que tenga cada día para comer
que me muera de hambre antes de los tres
que la bala de un soldado acabe en mi sien
es casual

que yo sea emigrante
que por mi trabajo
me paguen igual que a él
es casual

que nadie me mire con recelo
que sea gitano, payo o negro
que baile moviendo las caderas
es casual

dime que no existen más fronteras
dime que no conoces el color de mi piel
dime que no hay religión que nos separe
dime que todos tienen para comer
dime que el mundo vive en calma
dime que no hay armas por doquier
dime que la mentira no habita en este mundo
dime que no comes lo que le falta a él
dime que no hay ejércitos ni banderas
dime que no hay vallas que saltar
dime que todos somos emigrantes
dime que nadie tiene que emigrar

vivir sin amor
es como dejar de sentir
es como andar por andar
es como dejarse llevar
es como dormir
y no querer despertar
14/1/2005

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tu abrazo

Y si cierro los ojos
te siento
y si pienso en ti
me inquieto
tu perfume aun me invade
tu mirada aún me mira
tu cara aun me sonríe
tus ojos aun me preguntan
tus manos aun buscan las mías
tu abrazo aun lo siento cerca.

Ay que daría yo por tu abrazo
energía directa al corazón,
sentimiento, emoción y vida
nada hay en este mundo como tu abrazo
tu abrazo no es de este mundo
porque tú no abrazas
con los brazos
abrazas con el corazón entero.
21/12/2004

viejo sofá

ay mi viejo sofá
que de tantos estrujones
has sido testigo mudo
si tus cojines hablaran
siempre has sido
de mis más fieles amigos
pues siempre he contado
con tu discreción
y ayuda
en aquellos momentos
que necesité el mar
te moviste como las olas
y cuando requerí tempestad
tus viejas patas de madera
a punto estuvieron
de lastimarse
2004.12.11 00:55

(contestando a lunaaaaa

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