Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.

06/03/2005

hoy quisiera ser poema

para encontrarme contigo
cuando tú estés perdido
para ser testigo
de tus lágrimas más amargas
de tus alegrías más profundas

hoy quisiera ser poema
para que tus ojos se fijaran en mi

hablar con tu yo más auténtico
oír tus sueños más bonitos
dibujarlos con mis líneas imperfectas
con mis torpes palabras

me buscarías
cuando no te encontrases
me buscarías
cuando hubieses dejado de buscarte
me buscarías
con el alborozo del enamoramiento
me buscarías
cuando estuvieses loco de amor
me buscarías
cuando no encontrases palabras
suficientemente bonitas para ella
me buscarías
con la amargura del desamor
me buscarías
cuando uno de los tuyos hubiese partido
me buscarías
cuando no entendieses
me buscarías
cuando todo estuviese claro
me buscarías
cuando el mundo fuese
un lugar acogedor
me buscarías
cuando el mundo resultase frío y hostil
me buscarías
cuando quisieras soledad
me buscarías
cuando esa dama inoportuna y cruel
ahogase cada uno de tus segundos interminables
me buscarías
en tus emociones
en tus sentimientos
en tus alegrías
en tus penas
en tu vida más consciente
en tus sueños más profundos

hoy quisiera ser poema
para que tú me dieses vida

hoy quisiera ser poema
para que tu vida
fluyese entre mis palabras
06/03/2005 15:35 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

10/03/2005

pequeño pequeño quiero ser pequeño

y me decía: "tú no sabes nada"
le miraba de nuevo
y me volvía a decir "tú no tienes ni idea"

era tan sólo un niño de
no se, no creo que más de cuatro años
pero él me lo decía a la vez que se reía

era una risa medio inocente medio burlona
uno de esos gestos que delatan
a los que viven un poco más allá

siempre quise mirar más allá
porque lo que veía se me antojaba
escaso
siempre soñé con que había algo
mucho más grande de lo que mis ojos
alcanzaban a ver
algo por lo que merecía
dejarse la piel
algo por lo que merecía la pena
morir

aun sigo soñando con ese algo
y sigo buscándolo en los ojos
de esos niños
que me dicen que yo no tengo ni idea
de lo que pasa
que yo no ando con los pies en el mundo

aun sigo añorando
ese paraíso
donde ya no hará falta
esforzar la mirada para ver más allá
donde ya no será necesario
soñar con un mundo de ensueño
donde ya no querré saltar de
mi lecho de sueños prohibidos
y caer en playas solitarias
y volar a jardines de ensueño

sueño que viajo
y añoro un sueño
donde tu sueño
sea mi sueño
donde tu vida
sea la vida

hoy viajé en metro
y vi a un niño
pequeño
muy pequeño
apenas había
tenido el tiempo
suficiente para
aprender a hablar
y me enseñó
que sin hablar
con sonreír
con mirar
con reír
la vida
es como muchos no la ven

ahora
pequeño pequeño
del metro
ya no te veo tan pequeño
quizá porque la vida
en sí sea pequeña
quizá porque
envidie lo que aun no tienes
10/03/2005 18:52 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

11/03/2005

Mil sueños rotos

Se decía una y otra vez que no, que aquello no podía estarle pasando a ella. Ya habían pasado un par de semanas desde el entierro pero Carla no podía dejar de llorar. Nunca entendió de dónde podían salir tantas lágrimas. Eran lágrimas de impotencia o más bien, eran las lágrimas de las explicaciones no halladas. Quizá hay cosas que no se pueden explicar sino no es desde la distancia y a partir de recuerdos y experiencias. Pero ella aún no tenía esa distancia. Apenas era capaz de dormir por la noches porque una y otra vez le venía la imagen de su padre. Incluso cuando conseguía conciliar el sueño él aparecía en cada una de sus secuencias, como si la película volviese una y otra vez sobre el mismo personaje. Aparecía tal y como lo recordaba en aquel último día. Él siempre sonreía, pensaba Carla, "él me enseñó a sonreír" era un pensamiento de los que tenía en la centrifugadora que se había convertido su cerebro. "Él era la única persona que me entendía", "nunca encontraré a nadie que me quiera como él me quería", "él nunca me hubiese dejado aquí sóla, esto tiene que ser cosa de... no se, si Dios o el demonio..., pero Dios no puede hacer estas cosas, él no se lo merecía, le quedaba tanto por hacer... pero tampoco ha hecho nada para evitarlo... por lo menos no sufrió". Estos y otros pensamientos golpeaban las paredes de su cerebro.

Durante el funeral ella estuvo muy entera. Siempre fue una chica excesivamente responsable, casi podríamos decir, obsesivamente responsable. Y en aquellos momentos tan duros, ella tenía que ser la que tuviese la serenidad y la que consolase a su madre. Además Carla no tenía ganas de llorar. Recordaba una y otra vez las últimas horas con su padre jugueteando como cuando era una niña y revolcándose en el sofá de cosquillas. Nunca pudo aguantar las cosquillas y su padre sabía muy bien que este era su punto débil. Durante el funeral, cada vez que el protocolo le pedía unas cuantas lágrimas y un gesto compungido, a ella se le venían a la memoria aquellas últimas horas con su padre. Sus carcajadas que eran mucho más escandalosas que las de Carla y sus ojos grandes y oscuros. Carla no lloró ni una sóla lágrima los primeros días de su ausencia. Al principio, en el funeral, ella intentaba pensar en cosas tristes y se concentraba pensando lo mucho que le iba a echar de menos y lo desgraciada que iba a ser, como intentando que la tristeza le invadiese y le arrancase unas pocas lágrimas que compartir con tantos y tantos familiares y amigos que se habían acercado al tanatorio. Pero no lo conseguía. Siempre acababa con tiernos recuerdos en su cabeza que le provocaban la sonrisa más sincera. Incluso llegó a avergonzarse de aquella sonrisa y a imaginar lo que la gente que la viese pensaría. "Seguro que piensan que yo me alegro, que sólo estoy pensando en la herencia, que estoy contenta porque me quedaré con el piso de Jaén,...". Le dolían aquellos pensamientos y entonces intentaba ocultarse de la gente con sus gafas de sol.

Pero aquellos tiernos recuerdos, aquel sonreir sincero duraron tan sólo unos días. Luego la pena llegó. Una pena infinita, una congoja enorme, un nudo en el pecho que no le dejaba respirar. Mil preguntas sin respuestas, mil argumentos que no llevaban a ninguna parte, mil sueños rotos,...
11/03/2005 23:53 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

15/03/2005

¿hacia dónde mirar?

acercarse o alejarse
qué más da

lo lejano
se acerca
lo que estaba cerca
ha pasado ya de largo
y quedó atrás
como si ya
fuera de otro tiempo

el tiempo
viene del futuro
raudo hacia nosotros
entonces
nos roza
juega con nosotros
nos seduce
pero cuando
hemos aprendido
su juego
cuando empezamos
a dejar de ser
unos simples aprendices
entonces
se va
pasa de largo
y observamos
como se aleja
en el pasado

entonces
si todo
viene hacia nosotros
desde el futuro
si todo nos roza
en el presente
si todo
se diluye en el pasado

¿hacia dónde
mirar?
15/03/2005 00:28 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

17/03/2005

algunas noches

algunas noches
no siento nada

algunas noches
me siento flotar
en un medio tibio
que me protege
donde no necesito
sacar la cabeza
para respirar
donde estoy protegido
donde estoy como en casa
donde no necesito nada
más de lo que tengo
en este medio viscoso
en este espacio reducido
pero infinito

alguna noches
vuelo contra el viento
y me esfuerzo
agitando mis alas
bajo y subo
buscando algún viento
que sople en mi favor
y no lo encuentro
y no logro avanzar
siento que retrocedo
más de lo que avanzo
y me agoto
y me desespero
y pienso en dejarme llevar
por los vientos
pienso en rendirme
y que ellos me golpeen
y me arrojen contra
las rocas de las montañas
sin piedad

algunas noches
me siento sirena
y bajo el agua
lo tengo todo
no necesito salir a respirar

algunas noches
me creo una estrella
y canto
y bailo
y pego brincos
y no me canso
de mirarme
en los ojos de mis amigos
y les digo que todo
está bien
que la vida es bella
que las cosas que pasan
son bonitas

algunas noches
me siento la luna
y me pregunto
porqué el sol no me mira
porqué no me quiere mirar
de qué me sirve
ser tan coqueta
de qué me sirve
iluminarme con su luz

algunas noches
me siento afortunado
por saber
que tú estás ahí

algunas noches
siento que no se
quien soy

algunas noches
siento que no siento nada
que me muero por sentir
que siento que me voy a morir

algunas noches
quiero sentir
un millón de sentimientos
antes de dejarme morir
17/03/2005 00:31 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

18/03/2005

a tomar por el culo

El menda parecía que no se enteraba de qué iba la baina, iba siempre a su aire como quien cree que esta vida es eterna y que todo está pues ahí para que él disfrute y saque el mayor partido. Era un tipo que aparentaba ser un ganador. Siempre bien vestido y mirando por encima de su gabarda de cuero a la plebe. Porque para Carlos sólo había dos tipos de personas, los ganadores y los perdedores. Los primeros eran los que iban como él comiéndose el mundo sin preguntar porqué. Los otros eran los que pedían permiso, los que nunca estaban seguros, los que tenían miedo de confundirse.

Carlos se veía a si mismo como un tipo que había salido de la nada. Como alguien que había conseguido que la gente le respetase y le mirase con admiración. En su inmueble, sus indiscretos vecinos no sabían si era traficante de drogas o gigoló. Era un tipo reservado. Nunca nadie le vio perder las formas o decir una palabra más alta que otra. Pero en su piso no faltaba el movimiento. Todas las noches se juntaban en él un puñado de amigos que bebían hasta el alba, como si temiesen que la ley seca de nuevo se impusiese en aquel estado.

Pero todo terminó una noche. Aquel día a Carlos le invitaron a asistir a un espectáculo insólito. Por aquel entonces el arte estaba en decadencia y los artistas eran vistos como bichos raros que no eran más que una carga para la sociedad.

A él le gustaba verse como un "progre", como alguien que ve más allá, o que mira más allá de los que los otros simplemente alcanzan a ver a duras penas. Pero aquella noche se dio cuenta de que hubiese sido mejor ser un aldeano que un progre. Porque el espectáculo que vio aquella noche no tubo parangón alguno. Por un buen rato intentó buscar un sentido a aquel absurdo e insólito espectáculo. Carlos había asistido a un local de moda en el centro de la ciudad. Alguien le había dicho "Carlos, tienes que ir al 'Plema', alli es donde se parte el bacalao. Si de verdad quieres saber lo que es cultura tienes que dejarte caer por allí'.

Y se dejó caer. Y se cayó. Tanto tanto, que le costó demasiado levantarse. El espectáculo demostraba que la cultura estaba en desuso, que nada ya tenía sentido en el mundo de las artes.

Si no fuese por ella, Carlos hubiese tirado la toalla aquella misma noche. Ella era una tipa peculiar. No se podría prescindir ni de "tipa" ni de "peculiar". Vestía a su modo y se movía con soltura, como si aquel garito inhóspito la hubiese albergado de por vida.

Tenía, sin embargo, un brillo especial en su mirada que la delataba. A pesar de su apariencia de controlarlo todo, de decirle al mundo 'ehi, no vos mováis que aquí llega la menda y como os pongáis tontos us vais a enterar', Carlos vio que había mucho más. Él llevaba varios años viviendo historias a través de las pupilas de otras gentes. Carlos era de los que miraba fijamente y con descaro a los ojos de la gente. En aquella época estaba mal visto mirar fijamente a los ojos. Como si los ojos tuviesen culpa de algo.

Y la dama le quitó el sentido. Le hizo confundir el bien y el mal, el sentido de la sinrazón, el presente del pasado. Había sido algo fugaz. Tan fugaz como pasan las canciones de cualquier moda juvenil, tan raudo como cualquier estrella fugaz. Ella se había cruzado en su camino.

Había sido deslumbrado por su luz. Porque no era como un astro que se ilumina con la luz del sol. Porque nunca llegaba la sombra. Porque todo el planeta se movía cuando ella se movía. Pero Carlos pensó: 'y una mierda'.

Y lo mandó todo a tomar por culo.
18/03/2005 03:01 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

24/03/2005

"ha sido fascinante"

Habían sido los minutos más largos de su vida, pero una vez pasó todo, y de nuevo pudo recobrar el aliento, entendió que la historia que Jeni le había contado no era una más fruto de la imaginación pura y alocada de la niña. Laura había empezado a cuidarla hacía aproximadamente un año y siempre hubo una especial sintonía entre ellas. Jeni era la niña que Laura siempre había querido ser. A menudo ausente se sumergía en su mundo y al volver se convertía en un torbellino de palabras. Entonces hablaba atropelladamente como si el ritmo de sus fascinantes historias no se quisiese someter a la aburrida cadencia del reloj. Laura escuchaba aquellas fábulas con gran atención, intentando romper la barrera de la realidad y atravesar las puertas que llevaban a los mundos de fantasía de la niña. Pero su mente estructurada y excesivamente responsable y sensata no le permitía viajar tan veloz como para alcanzar los mundos lejanos de Jeni. Quizá por eso que se identificaba con ella; veía en la vida de la niña su propia vida no vivida. Siempre había sentido que su vida era una de esas vidas equivocadas. La idea de que existía gente que vivía vidas que no le correspondían la había leído hacía tiempo en un cuento y, desde entonces, sabía que la suya era una de esas. Porque Laura siempre tenía la sensación de que algo le faltaba, de que algo no estaba realmente en su sitio.

Había cumplido los 16 años y aceptó el trabajo de canguro, no porque le gustasen especialmente los niños, al contrario, su escasa paciencia a menudo era desbordada por cualquier renacuajo. Lo aceptó porque el dinerillo le vendría muy bien para permitirse algún capricho, y quizá hasta podría irse de vacaciones con Jorge. Llevaban demasiado poco tiempo juntos y ella se decía una y otra vez que era mejor no hacer planes porque siempre le pasaba lo mismo. Su imaginación iba más deprisa que su propia vida y no se cansaba de planificar y soñar con cabañas en bosques perdidos a la orilla de lagos repletos de cisnes. Pero al final siempre se estropeaba por uno u otro motivo. A menudo pensaba que su media naranja se la habría bebido en zumo cualquier desalmada y que ella estaba condenada a pasarse la vida saltando de desilusión en desilusión.

No llevaba un mes en aquella casa cuando Jeni le contó la historia de la ventana por primera vez. La navidad se acercaba y una mañana entró en la habitación de la niña que estaba sentada en la cama con una extraña sonrisa en el rostro. La ventana estaba abierta y las cortinas se movían con violencia en la parte exterior del edificio como si el viento las quisiese arrancar de aquella casa y quedárselas como trofeo. Parecía que el viento estaba muy enfadado con la niña que seguía sonriendo abstraída. Estaba agitada y sudando. Completamente ausente en algún mundo demasiado lejano. Laura pasó por delante de ella para arrancarle las cortinas al viento y cerrar aquella ventana. Pero Jeni ni se inmutó. Su mirada seguía perdida. Más tarde, sus padres, y la propia Laura, pensaron que eran tonterías de chiquilla cuando ella dijo "he saltado y ha sido fascinante".

Nunca había tomado en serio aquellas palabras. Pero mirar hacia abajo y ver a la gente en miniatura desde la ventana de aquel séptimo piso le daba escalofríos. "La niña tiene mucha imaginación", se decía una y otra vez al mismo tiempo que su subconsciente la traicionaba y se imaginaba a la pequeña realizando su último vuelo.

Cuando llegó el verano Laura aceptó irse ellos a Torrevieja para seguir haciéndose cargo de la pequeña. Los padres de Jeni eran de esos que ni siquiera en vacaciones disponían de suficiente tiempo para ella. Además, como nunca se habían ocupado de ella, tampoco lo sabían hacer. A Laura no le hacía mucha gracia pasar dos semanas lejos de Madrid, aunque alejarse un poco de todo le vendría muy bien. Con frecuencia buscaba distanciarse de ella misma para poder ver las cosas en perspectiva.

El sol parecía querer castigar a los incautos que no se habían echado suficiente protector. Aquella tarde Laura descubriría que la pequeña no había mentido y que aquella historia no era fruto de su imaginación. Las dos acostumbraban a salir todas las tardes con la moto buscando playas escondidas en los alrededores. Llevaban unos cuantos kilómetros subiendo por una estrecha carretera llena de curvas. Los árboles eran tan frondosos que el sol no conseguía penetrar en el bosque por lo que aquel paseo estaba resultando especialmente agradable. Llegando a la cima encontraron un claro desde el que parecía que se divisaba el horizonte. Además era uno de esos días en que el mar y el cielo están en perfecta sintonía y se funden como dos enamorados allá lejos, en el infinito.

La niña saltó de la moto y corrió hacia la orilla del acantilado mientras que Laura con más calma se quitaba el casco y apagaba el motor de la vieja Lambretta. Se encendió un cigarrillo y caminó hacia aquella vista sin igual. Lo que vio era mágico. La inmensidad del océano reflejada con asombrosa precisión en el cielo como si de un espejo infinito se tratase. Se respiraba paz, una auténtica paz interior. Durante unos instantes pensó que quizá aquella si que era su vida, que quizá había sido una estúpida por obsesionarse tanto con aquella idea de que estaba viviendo una vida que no le correspondía. Pensó que en aquel preciso lugar estaba su sitio, ese espacio que le permitía respirar y que había estado buscando siempre.

Apuró las últimas caladas del cigarrillo y volvió a la realidad. Buscó a Jeni pero la niña no aparecía por ningún lado. Caminó de un lado para otro gritando "¡Jeni, nos tenemos que ir!", "¿Dónde estás Jeni?", "Venga, deja de jugar que se hace tarde", "Me estoy cansando, ¡vamos a casa!". Pero Jeni no estaba en ninguna parte. Laura se empezaba a desesperar y su garganta ya se resentía de tanto gritar. Aquel mundo de paz se estaba convirtiendo en el escenario de su peor pesadilla. Jeni era la persona más especial que Laura había conocido en toda su vida. La quería con locura y su cabeza se empezaba a convertir en una tormenta de fatalistas ideas. Su respiración cada vez estaba más agitada y apenas podía respirar. La desesperación y las lágrimas la empezaban a ahogar. Su corazón estaba a punto de saltar de su cuerpo y sentía su sangre fluir a borbotones por todas las extremidades de su cuerpo.

Se asomaba una y otra vez a aquellos acantilados buscando a la pequeña. Gritaba sin parar llorando lágrimas de impotencia "Jeni, vuelve, no me puedes hacer esto!". La buscó por toda la zona pero Jeni no estaba en ningún sitio. Era como si aquel fuerte viento que se había levantado se la hubiese llevado.

Laura ya había tirado la toalla y de rodillas a la orilla de aquella caída infinita lloraba pidiéndole al cielo que le devolviese a la pequeña. De repente, allí mismo a su lado, entre lágrimas pudo ver cómo el viento sujetaba a Jeni. La pequeña estaba con los brazos en cruz, sus pies apoyados en el suelo y todo su cuerpo echado para adelante y suspendido en el aire. El fuerte viento se encargaba de mantenerla en vilo. Aquella escena era extraordinaria, como de otro mundo. El viento sopló un poco más fuerte y dejó a la pequeña de pie al lado de Laura. Jeni seguía con sus bracitos en cruz y con los ojos muy abiertos. Laura se había quedado paralizada. Durante unos instantes fue como si el mundo se hubiese detenido. Como si todos los protagonistas de la película necesitasen unos segundos para repasar el guión antes de proseguir. Al poco Jeni, que permanecía con la mirada en el horizonte de aquel mar que se había querido mezclar con el cielo a pesar de los celos del viento, volvió a este mundo. Miró a Laura que estaba a su lado, se giró y se abrazó a ella diciendo "he saltado y ha sido fascinante".
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(para Jeni por haberme inspirado el nombre de una niña inquieta, soñadora, curiosa, rebelde, luchadora, única y especial. Para Lidia por haberme prestado a sus dos protagonistas, una niña y la muchacha que la cuida y que gracias a la fascinante imaginación de Lidia vivirán historias maravillosas)

24/03/2005 02:13 Enlace permanente. Hay 6 comentarios.




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